~~Una pesadilla recurrente~~
Siempre estaba ahí, acostada en mi cama, a tan corta edad, mis padres me
deseaban las buenas noches, ante ello un diario que siempre guardaba mi madre,
un diario que ocultaba un gran secreto, que ella guardaba con recelo.
-
Buenas noches Eva – me dio un beso
en la frente.
-
Mamá, mamá no tengo sueño – le
mire con el ceño fruncido.
-
No hagas eso, si no te saldrán
arrugas, bueno es imposible que suceda – rio ante ello.
-
Mamá, mamá ¿me puede leer un cuento? – le miraba impaciente.
-
Está bien, te contare uno – me llevo
en brazos.
-
Gracias mama – sonreía con ímpetu.
-
Bueno esta historia debe ser muy repetitiva – suspiro algo cansada.
-
No importa me gusta cualquier cosa que me cuentes – reía divertida.
-
En el paraíso existen 4 reinos,
cada uno representa una emoción, un elemento, el
amor, la bondad, la felicidad y
el razonamiento – fue callada por un chillido.
-
¿Pero el razonamiento no es una emoción? – no comprendía nada.
-
Para tener un equilibrio a la perfección debes tener estos 4 elementos,
es la única forma de llegar a ello – sonrió con
avidez.
-
Ah – quede absorta a sus palabras.
-
Bueno proseguiré – sus ojos
brillaban con tal cariño – se dice que los reyes de cada reino jamás se
conocían entre sí, cada uno estaba en su
misión, en su reino, pero ante ello
protegían a la inocencia, el equilibrio, el quinto reino, aquel que es principal ante todos guardando
cualquier sentimiento puro, un día alguien quería romper ese equilibrio, se
decía que nacería la niña, aquella escrita en la profecía, así como cada rey había sido escrito su nacimiento, para ello necesaria la
niña prevalente a la inocencia del
equilibrio, pero ante ello alguien quería romper esa perfección, al
saber que si nacía y no era asesinada a
una determinada edad, la eternidad estaría en
ella como en cada rey
posteriormente, claro estaba que sin
ella el equilibrio no estaría
completo, por ello aquellos del reino oscuro deseaban gobernar el mundo el
universo – volteo a ver a su pequeña
hija – por fin se ha dormido – me toco la frente con ternura – jamás sabrás el
final, un final que tu escribirás – entre esas palabras me dejo
dormir mi madre, mi padre estaba afuera, vigilando como siempre.
-
Ya vienen cariño – se escuchaba la voz de mi madre.
-
Tenemos que protegerla – sus alas se extendían tan blanca y puras.
La historia se repetía, una niña pequeña se
despertaba asustada, miro como sus padres
habían sido asesinados, cuando ella estaba a punto
de morir vio a unos hombres con gran recelo, las emociones eran fuertes,
dolor desesperación odio, aquel hombre toco el cuello de la niña y al instante murió, era el único
sobreviviente de aquel masacre, en la
oscuridad un niño un poco mayor que la niña observaba absorto con gusto la escena, piel blanca, ojos totalmente
negro, sin rastro del color blanco puro del humano, ojos negros que observaban en la oscuridad como una niña escapaba
con rapidez al haber visto tales escenas atroces.
-
Otra vez ese sueño – mis lágrimas no paraban, mis lágrimas salían sin
cesar.
-
¿Qué sucede? – Zero me veía a llorar.
-
No es nada – conteste al no poder
asimilar, aquel sueño era mi realidad, mi pasado parecía retomarse de
nuevo, temía ante ello, aquel joven de piel blanca y cabello oscuro parecía ser
una pista a la verdad.
Recordaba aquel cuento que siempre me contaba mi madre,
pero ante ello no
entendía aquellas palabras “jamás sabrás el final, un final que tu
escribirás” no comprendía el por qué me había dicho aquello, esas palabras llegaban y aturdían mi
mente “¿Por qué me había dicho eso?
¿Cómo escribiré el final del cuento?” me preguntaba una y otra
vez, mi cabeza estaba a punto de estallar.
-
Eva, Eva – gritaba exasperada Sol, con un gesto
de angustia en su cara - ¿te
encuentras bien? – me di cuenta que la estaba lastimando con mis emociones de
nuevo, no comprendía como podía lograr
esto, como podía trasmitir mis emociones a otras personas con tal intensidad que las lastimaba, pero era algo propio, extraño para un ser humano,
pero esa persona era yo.
-
Estoy bien – comencé a tranquilizarme, parecía que su cabeza podía estallar en cualquier momento por mi estabilidad emocional.
-
Me alegra – dedico una sonrisa a pesar del dolor que sufría.
-
Lo siento tengo
que salir – comente para irme corriendo
y dejar de hacerle daño.
Al
tomar mis cosas como siempre, por suerte después de aquellos
combates mis compañeros habían decidido darme el dinero al ver nuestra estabilidad
económica, algo que agradecía de todo
corazón ante ello.
-
¿Eva? – se escuchó un grito furtivo.
-
¿Aurora? – voltee hacia esa voz.
-
¿Cómo has estado tanto
tiempo sin vernos? – dijo con gran alegría.
-
Tienes razón – me sentí
avergonzada.
-
Bueno tal vez sea nuestra culpa por no
visitarte – se escuchaba una segunda voz.
-
Bianca – le mire sorprendida - ¿Qué hacen aquí? – pregunte intrigada.
-
Pues las dos trabajamos en aquel
establecimiento, estamos en nuestros minutos de descanso – afirmo Aurora.
-
Igual ya se nos hace tarde – Bianca agacho la mirada.
-
¡Oh! ¿puedo ir con ustedes? – pregunte temerosa.
- ¡Claro! – contesto Aurora con gran alegría.
-
¿Qué es lo que venden? – pregunte
antes de entrar a la tienda.
-
Bueno es una librería, pero a la
vez vendemos accesorio, peluches, es variado – contesto Bianca.
-
Qué bien – sonríe ante ello, tal vez me haría olvidar aquel mal sueño.
Entramos y efectivamente era un
establecimiento grande, entre ellos solo
había dos cajas para atender, tenían tanto
collares como libros y peluches, parecía un paraíso, inclusive tenían
mangas, algo que ellas se la pasaban leyendo
si no es que tenían un libro en mano, ante ello me hizo olvidar de momento
mi mal
sueño transportándome a algo más
mágico al ver tantas cosas llamativas.
-
Veo que te hace muy feliz – una sonrisa sincera salía de los labios de
Bianca.
-
¿Bianca? – le mire extrañada al estar tan cerca mientras Aurora cuidaba
la entrada en una de las cajas - ¿Por qué eres tan noble? – pregunte al ver la forma de expresarse, era siempre
recta, con respeto a los demás, siempre
los ayudas – termine diciendo.
-
Que cosas dices Eva, yo solamente hago lo que cualquier persona hace, no
es nada de otro mundo – se sonrojo ante
el comentario dado
-
Te admiro y no solo a ti – voltee hacia Aurora – también a tu
prima – sonreí.
-
Te entiendo, a pesar de que algo malo pase, ella siempre sonríe con
avidez y es demasiado positiva -
sonrió Bianca ante ello.
-
Por cierto – le mire atenta - ¿no has visto a Kuranosuke? - estaba intrigada.
-
La verdad no, tal vez ya se regresó
a Japón –se encogió de hombros.
- ¿Qué haces aquí? – grito Aurora llena de sorpresa.
-
No puedo venir a la tienda que se
me plazca – aquella voz me era conocida.
-
¿Kuranosuke? – voltee a verle.
-
Hola pequeña – aquella chica era esplendida.
-
¡Cuánto tiempo! – exclame, Bianca volteo sin creerlo.
-
¿En serio eres tú? – le miro extrañada.
-
Si – Kuranosuke se había quedado
en seco, entre los nervios.
-
Pensé que te habías ido a Japón –
Bianca comento sorprendida.
-
Pues ya vez una hermosura como yo sé a quedado aquí – se encogió de hombros.
-
¡Ja! No cambias – se cruzó de manos Bianca.
-
Bueno creo que el equipo está completo – Aurora comento alegre dándole una mirada fulminante al
último integrante llegado, realmente era extraño que ambos no se levaran bien.
-
¡Ah! – grite ante ello – ya es tarde, debo regresar a casa – afirme después de aquella
reunión – haber cuando nos volvemos a ver – me dispuse a irme.
-
Luego vamos a tu casa – la voz de
Aurora se escuchaba hasta media cuadra.
Bianca solo
se despedía con la mano y Kuranosuke seguía en aquel lugar, realmente
tenía amigas muy buenas y gracias a encontrarles todo
estaba yendo mejor, olvidándome de lo
soñado, tras correr choque con
alguien, con la persona que menos me quería encontrar.
-
Lo siento - dije volteando a verle, me tomo de los hombros fuertemente.
-
Recuerda que los sueños pueden
volverse realidad y el pasado
puede volver a repetirse – aquel joven de piel blanca y cabello oscuro me dijo con tal
interese.
-
Suéltame – inquirí ante ello.
-
Por lo menos recuerda los nombres de tus amigos – repuso el soltándome.
-
Tú no eres mi amigo – resople
enojada.
-
Entonces ¿somos enemigos? – ladeo la cabeza de manera graciosa aquel
chico llamado Iván por algún motivo
ponía mis nervios de punta - cuidado con lo
que sientes, puedes hacerme daño – dijo
entre burlas.
Le mire sorprendida ante sus palabras.
-
Tú, tú sabes algo – le tome
del cuello instantáneamente en busca de
una respuesta.
-
No somos amigos, no puedo decirle
secretos a mis enemigos – se soltó y se
dispuso a irse.
-
Iván – le miraba irse – Iván- grite con fuerza.
-
Dime – volteo con aquella sonrisa relevante.
-
Seamos amigos – dije en un gran grito.
- Hasta luego – se retiró dejándome
con aquellas dudas.
Aquella noche el sueño se repetía, pero en lugar de ser mis padres,
eran mi nueva familia, Sol, Leo y Zero, ante ello también estaban mis nuevos amigos, Aurora,
Bianca y Kuranosuke, habían sido asesinados y tras ello una mirada
completamente negra observaba divertido
desde la oscuridad.
Capitulo hecho
por Himeko Rose
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