domingo, 13 de julio de 2014

Cielo perdido Capitulo 5

~~Una pesadilla recurrente~~


Siempre estaba ahí, acostada en mi  cama, a tan corta edad, mis padres me deseaban las buenas noches, ante ello un diario que siempre guardaba mi madre, un diario que ocultaba un gran secreto, que ella guardaba con recelo.
-         Buenas noches Eva – me dio un beso  en  la frente.
-         Mamá,  mamá no tengo sueño – le mire con el ceño  fruncido.
-         No hagas eso, si no  te saldrán arrugas, bueno es imposible que suceda – rio ante ello.
-         Mamá, mamá ¿me puede leer un cuento? – le miraba impaciente.
-         Está bien, te contare uno – me llevo  en brazos.
-          Gracias mama – sonreía con ímpetu.
-         Bueno esta historia debe ser muy repetitiva – suspiro algo cansada.
-         No importa me gusta cualquier cosa que me cuentes – reía divertida.
-         En el paraíso  existen 4 reinos, cada uno  representa una emoción, un  elemento, el  amor, la bondad, la felicidad y  el razonamiento – fue callada por un chillido.
-         ¿Pero  el razonamiento no  es una emoción? – no comprendía nada.
-         Para tener un equilibrio a la perfección debes tener estos 4 elementos, es la única forma de llegar a ello – sonrió con  avidez.
-         Ah – quede absorta a sus palabras.
-         Bueno proseguiré –  sus ojos brillaban con tal cariño – se dice que los reyes de cada reino jamás se conocían entre sí, cada uno estaba en  su misión, en su reino, pero  ante ello protegían  a la inocencia, el  equilibrio, el quinto reino, aquel  que es principal ante todos guardando cualquier sentimiento puro, un  día  alguien quería romper ese equilibrio, se decía que nacería la niña, aquella escrita en la profecía, así como  cada rey había sido  escrito su nacimiento, para ello necesaria la niña prevalente a la inocencia del  equilibrio, pero ante ello alguien quería romper esa perfección, al saber que si nacía y no  era asesinada a una determinada edad, la eternidad estaría en  ella como  en cada rey posteriormente, claro estaba que sin  ella el  equilibrio no estaría completo, por ello aquellos del reino oscuro deseaban gobernar el mundo el universo – volteo  a ver a su pequeña hija – por fin se ha dormido – me toco la frente con ternura – jamás sabrás el final, un final  que tu  escribirás – entre esas palabras me dejo dormir mi madre, mi padre estaba afuera, vigilando como siempre.
-         Ya vienen cariño – se escuchaba la voz de mi madre.
-         Tenemos que protegerla – sus alas se extendían tan blanca y puras.
La historia se repetía, una niña pequeña se despertaba asustada, miro como sus padres  habían sido asesinados, cuando ella estaba a  punto  de morir vio a unos hombres con gran recelo, las emociones eran fuertes, dolor desesperación odio, aquel hombre toco el cuello  de la niña y al instante murió, era el único sobreviviente de aquel  masacre, en la oscuridad un niño un poco mayor que la niña observaba absorto con  gusto la escena, piel blanca, ojos totalmente negro,  sin rastro del color blanco puro  del humano, ojos negros que observaban  en la oscuridad como una niña escapaba con  rapidez al  haber visto tales escenas atroces.
-         Otra vez ese sueño – mis lágrimas no paraban, mis lágrimas salían sin cesar.
-         ¿Qué sucede? – Zero me veía a llorar.
-         No  es nada – conteste al no poder asimilar, aquel sueño  era mi  realidad, mi pasado parecía retomarse de nuevo, temía ante ello, aquel joven de piel blanca y cabello oscuro parecía ser una pista a la verdad.

Recordaba aquel  cuento que siempre me contaba mi madre, pero  ante ello  no  entendía aquellas palabras “jamás sabrás el final, un final  que tu  escribirás” no comprendía el por qué me había dicho  aquello, esas palabras llegaban y aturdían mi mente “¿Por qué me había dicho  eso? ¿Cómo  escribiré el  final del cuento?” me preguntaba una y otra vez, mi  cabeza estaba a punto  de estallar.
-         Eva, Eva – gritaba exasperada Sol, con un  gesto  de angustia en  su cara - ¿te encuentras bien? – me di cuenta que la estaba lastimando con mis emociones de nuevo, no  comprendía como podía lograr esto, como podía trasmitir mis emociones a otras personas con  tal intensidad que las lastimaba, pero  era algo propio, extraño para un ser humano, pero esa persona era yo.
-         Estoy bien – comencé a tranquilizarme, parecía que su  cabeza podía estallar en cualquier  momento por mi  estabilidad emocional.
-         Me alegra – dedico una sonrisa a pesar del dolor que sufría.
-         Lo  siento  tengo  que salir – comente para irme corriendo  y dejar de hacerle daño.
Al  tomar mis  cosas como  siempre, por suerte después de aquellos combates  mis compañeros habían decidido  darme el dinero al ver nuestra estabilidad económica, algo que agradecía de todo  corazón ante ello.
-         ¿Eva? – se escuchó un  grito  furtivo.
-         ¿Aurora? – voltee hacia esa voz.
-         ¿Cómo  has estado  tanto  tiempo  sin vernos? – dijo con  gran alegría.
-         Tienes razón – me sentí  avergonzada.
-         Bueno tal vez sea nuestra culpa por no  visitarte – se escuchaba una segunda voz.
-         Bianca – le mire sorprendida - ¿Qué hacen aquí? – pregunte intrigada.
-         Pues las dos trabajamos en aquel  establecimiento, estamos en nuestros minutos de descanso – afirmo Aurora.
-         Igual ya se nos hace tarde – Bianca agacho la mirada.
-         ¡Oh! ¿puedo ir con ustedes? – pregunte temerosa.
-         ¡Claro! – contesto  Aurora con gran alegría.
-         ¿Qué es lo  que venden? – pregunte antes de entrar a la tienda.
-         Bueno es una librería, pero  a la vez vendemos accesorio, peluches, es variado – contesto  Bianca.
-         Qué bien – sonríe ante ello, tal vez me haría olvidar aquel mal  sueño.
Entramos y efectivamente era un establecimiento  grande, entre ellos solo había dos cajas para atender, tenían tanto  collares como libros y peluches, parecía un paraíso, inclusive tenían mangas, algo que ellas se la pasaban leyendo  si no  es que tenían un libro  en mano, ante ello me hizo olvidar de momento mi  mal  sueño  transportándome a algo más mágico al ver tantas cosas llamativas.
-         Veo que te hace muy feliz – una sonrisa sincera salía de los labios de Bianca.
-         ¿Bianca? – le mire extrañada al estar tan cerca mientras Aurora cuidaba la entrada en una de las cajas - ¿Por qué eres tan noble? – pregunte al  ver la forma de expresarse, era siempre recta, con respeto  a los demás, siempre los ayudas – termine diciendo.
-         Que cosas dices Eva, yo solamente hago lo que cualquier persona hace, no es nada de otro mundo – se sonrojo  ante el comentario dado
-          Te admiro y no solo  a ti – voltee hacia Aurora – también a tu prima – sonreí.
-         Te entiendo, a pesar de que algo malo pase, ella siempre sonríe con avidez y es demasiado positiva -  sonrió  Bianca ante ello.
-         Por cierto – le mire atenta - ¿no has visto  a Kuranosuke? -  estaba intrigada.
-         La verdad no, tal vez ya se regresó  a Japón –se encogió  de hombros.
-         ¿Qué haces aquí? – grito Aurora  llena de sorpresa.
-         No puedo  venir a la tienda que se me plazca – aquella voz me era conocida.
-         ¿Kuranosuke? – voltee a verle.
-         Hola pequeña – aquella chica era esplendida.
-         ¡Cuánto tiempo! – exclame, Bianca  volteo sin creerlo.
-         ¿En serio eres tú? – le miro extrañada.
-         Si – Kuranosuke se había quedado  en seco, entre los nervios.
-         Pensé que te habías ido  a Japón – Bianca comento sorprendida.
-         Pues ya vez una hermosura como yo sé a quedado  aquí – se encogió  de hombros.
-         ¡Ja! No  cambias – se cruzó  de manos Bianca.
-         Bueno creo que el equipo está completo – Aurora comento  alegre dándole una mirada fulminante al último integrante llegado, realmente era extraño  que ambos no se levaran bien.
-         ¡Ah! – grite ante ello – ya es tarde, debo  regresar a casa – afirme después de aquella reunión – haber cuando nos volvemos a ver – me dispuse a irme.
-         Luego vamos a tu  casa – la voz de Aurora se escuchaba hasta media cuadra.
Bianca solo  se despedía con la mano y Kuranosuke seguía en aquel lugar, realmente tenía amigas muy buenas y gracias a encontrarles  todo  estaba yendo mejor, olvidándome de lo  soñado, tras correr choque con  alguien, con la persona que menos me quería encontrar.
-         Lo siento -  dije volteando  a verle, me tomo  de los hombros fuertemente.
-         Recuerda que los sueños pueden  volverse realidad y el pasado  puede volver a repetirse – aquel joven de piel  blanca y cabello oscuro me dijo con tal interese.
-         Suéltame – inquirí ante ello.
-         Por lo menos recuerda los nombres de tus amigos – repuso  el soltándome.
-         Tú no  eres mi amigo – resople enojada.
-         Entonces ¿somos enemigos? – ladeo la cabeza de manera graciosa aquel chico llamado Iván  por algún motivo ponía mis nervios de punta - cuidado con lo  que sientes, puedes hacerme daño – dijo  entre burlas.
Le mire sorprendida ante sus palabras.
-         Tú, tú  sabes algo – le tome del  cuello instantáneamente en busca de una respuesta.
-         No somos amigos, no puedo  decirle secretos a mis enemigos – se soltó  y se dispuso  a irse.
-         Iván – le miraba irse – Iván- grite con fuerza.
-         Dime – volteo con aquella sonrisa relevante.
-         Seamos amigos – dije en un gran grito.
-         Hasta luego – se retiró dejándome con  aquellas dudas.

Aquella noche el sueño  se repetía, pero en lugar de ser mis padres, eran mi nueva familia, Sol, Leo y Zero, ante ello  también estaban mis nuevos amigos, Aurora, Bianca y Kuranosuke, habían sido asesinados y tras ello una mirada completamente negra observaba divertido  desde la oscuridad.



Capitulo  hecho  por Himeko Rose

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